Brandi
y Diego ya llevaban dos horas y media en la carretera, comenzaban a aburrirse
de ese viaje. En la radio dejo que colocar canciones de su agrado, los vehículos
dejaron de verse hace unos diez minutos, el camino árido y repetitivo era cada
vez más enfermizo, el sol había bajado tanto que parecía que los iba a besar.
Si su abuela no se estuviera muriendo no harían ese viaje tan largo.
Brandi
jugaba con un bolígrafo, sacando y metiendo la punta a cada rato. No encontraba
otra cosa que hacer para matar el aburrimiento, ya había jugado con su cabello,
bajado y subido el asiento, cambiado una y otra vez las emisoras buscando una que
colocara una buena canción, jugo con su celular hasta que casi se queda sin
batería, intentó jugar con Diego, pero este se oponía. Más vale que mi abuela me deje una buena herencia, este viaje es un
fastidio, pensó.
Diego
no quitaba la mirada del camino, deseaba poder ver un letrero que le indicara
que ya llegaba a su destino. El trasero le dolía de estar tanto tiempo sentado,
el camino le parecía tan aburrido como escuchar una clase de matemáticas; su
mano derecha, que tenía en el volante, se comenzaba a entumecer, pisaba con
tanta ferocidad el acelerador, superando los 130 km por horas, entre más rápido
fuera más rápido llegaría. Espero que esa
vieja no se muera todavía o este viaje no valdrá la pena. Pensó.
Comenzaba
a anochecer, la carretera se hacía cada vez más oscura. Las luces iluminaron el
camino cuando ya casi desaparecía en la oscuridad, eso alivio un poco la
situación. Aunque querían llegar a la casa de su abuelo los más pronto posible,
no estaban tan desesperado para manejar en las oscuridad, en sus planes no
estaba tener un accidente por una mujer que estaba en las ultimas.
Cuando
las luces encendieron Brandi se ubicó por donde iban, levantándose con algo de torpeza.
Le da un vistazo a Diego, el cual se mantiene con su ceño fruncido y brazo
recostado por la ventanilla.
-
¿Te das cuenta por
dónde vamos? –pregunta algo apaciguada.
-
Por la carretera
–responde ásperamente.
-
No seas idiota –Brandi
señala hacia adelante-. La curva maldita.
-
¿No me digas que
crees en esa estúpida leyenda urbana?
-
Claro que no creo –
su voz es áspera al responder. Se acomoda en el asiento para no darle
importancia al asunto -. Solo pensé que más adelante debe ser peligroso el
camino, han ocurrido muchos accidentes por ese camino.
-
Es porque la gente se
caga creyendo que una mujer aparecerá pidiéndole un aventón y si uno no se
detiene ella se sube sola a tu auto – Diego gruñe como perro -. Más le vale a
ese fantasma que no se suba a mi auto o la violare.
La
temperatura empezaba a decaer, a pesar de que no es muy de noche, hace frio. La
carretera es recta, dos kilómetros más adelante había una curva - la curva
maldita -. El camino esta rodeados de arboles tan densos que no dejaban espacio
para mirar a través de ellos, y siendo de noche hacia más difícil la visión
alguna. El camino solo es iluminado por la luna y faroles a cada veinte metros
de distancia. Uno que otro farol titilaba como luces de navidad, aun así el
camino seguía siendo visible.
Brandi
observaba la densa oscuridad con curiosidad, pero tratando de mantener su
escepticismo. No quería verse como una gallina en frente de Diego, era seguro
que él se burlaría de ella hasta que llegaran a su destino. Si tuviera un
cigarro lo sacaría, cada vez que pretendía ser ruda fumaba. Para olvidar la
oscuridad abre la guantera con intensión de buscar algo que la distraiga,
encuentra un paquete de cartas, le son perfectas para distraerse. Las saca de
su caja, las barajea en sus manos, las luces se apagan sin previo aviso dejando
la carretera más oscura de lo que ya esta.
Cuando
vuelven las luces las cartas están regadas por el asiento y el piso, a Brandi
le temblaban las manos. Diego la mira con su ceño fruncido, al verla temblando
suelta una carcajada fría y con arrogancia.
-
Te asustas de nada,
eres patética.
-
Todo se puso oscuro
de repente, pudiste chocar.
-
No seas estúpida, las
luces del carro iluminan la carretera.
Diego
siguió con sus burlas mientras Brandi recogía las cartas. Una vez recogidas las cartas Brandi se pega a
la ventana, ignorando las burlas de su compañero. Estaba molesta, le irritaba
que la molestaran por algo tan absurdo; a
cualquiera se les pueden caer unas estúpidas cartas, maldito idiota, pensó.
Apretó las cartas con fuerza, la impotencia la dominaba.
-
No aprietes así las
cartas o se te caerán de nuevo –una carcajada acompaño esas palabras.
Brandi
se voltea para replicar, pero las luces delanteras del carro titilan. Ella mira
hacia adelante y ve que ya están cerca de la curva maldita. Clava en Diego una
mirada sumisa y de preocupación.
-
Maldita sea – gruñe
el piloto -. Sabia que debía llevarlo al taller para arreglar esa falla.
Ve
la mirada estúpida de Brandi, verla asustada se le causaba indigestión.
-
Maldición mujer, no
me mires así – dije toscamente el hombre -. Es una falla que tiene desde hace
semanas. No es por esta estúpida leyenda urbana.
Siguen
su trayecto sin preocupaciones, resultaba obvio que lo que ocurría eran cosas
naturales; mal mantenimiento de los faros y el del vehículo, no ocurría nada
paranormal. Tantas historias de fantasmas por ese lugar jugaban con la mente de
las personas, eran simples juegos de niños, eso fue lo que se dijeron para
calmarse.
Se
acercaban a la curva, al verla se dieron cuenta que los cuentos a veces son
exagerados. Siempre era descrita como un lugar lúgubre; al pasar por ese lugar
un frio se apoderaba de tu cuerpo hasta el punto de casi dejarlo entumecido; el
viento se colaba entres lo arboles produciendo un sonido muy parecido al de
personas susurrando, el viento no solo producía ese sonido sino que también
movía las ramas de los arboles asiéndote creer que sombras te observan y te
seguían por el camino.
Simplemente
es una calle normal, el clima si es frio, pero es el habitual que se siente en
las noches, el único sonido que se escuchaba era el del motor de carro, y las
únicas sombras que te seguían eran las de los faros. ¿Curva maldita? Parece la curva de una montaña rusa para niños de 10
años, pensó Diego.
-
¿Esta es tu curva
maldita? – pregunta Diego burlonamente -. Me orino en ella ja ja ja
Brandi
no le pone cuidado, de hacerlo se hubiera irritado en gran manera.
Diego
se burlaba como lo haría cualquier persona viendo una película de comedia, las
luces del auto se vuelven a apagar al igual que todos los faroles. Diego toma
el volante a toda prisa recordando la curva en su mente, no sabia por donde iba
y hacia donde se dirigía, conducía a ciegas, vuelven las luces como un rápido
flash de fotografía; frena bruscamente causando un efecto rebote en su cuello y
el de Brandi. Las luces vuelven y ven que están fuera de peligro, el único daño
que tenían era un dolor en el cuello.
-
¿Ves lo que hacen tus
burlas? – vocifera Brandi.
-
¿Qué, sigues creyendo
en esos cuentos de fantasmas? – el tono de voz era más frio que el que sentían
en sus cuerpos -. Desde hace dos kilómetros las luces de los faros están
fallando, y desde hace dos semanas este carro tiene una falla. Deja de pensar
en cuentos de fantasmas, usa la lógica.
-
¿Acaso no lo viste? –
dice temerosa.
-
¿Ver qué?
-
Cuando las luces
volvieron había alguien parado en medio de la calle.
-
Creo que no lo vi, ah
ya se, debe ser porque estaba ocupado ¡Salvando Nuestras Vidas!
-
¡Hablo en serio!
-
Yo también. Mejor
buscamos un lugar para dormir, ya empiezas a ver cosas.
Brandi sentía su cuerpo caliente, estaba segura
que había visto a alguien en medio de la calle. No fue algo producto de su
imaginación, o la falta de sueño, si vio a alguien. Pero Diego no le iba a
creer, si le decía algo él se enojaría de nuevo y ella quedaría como una
cobarde, no se podía permitir eso, que la vieran como una gallina asustada. Se
repone en el asiento como si nada hubiera pasado, mantiene un aire de seguridad
y tranquilidad.
Diego gruñía entre dientes, este viaje lo irritaba
más de lo que había pensado, casi se estrellaban, su compañera no dejaba de
decir estupideces, todo le pasaba por ir a ver a una vieja que ya estaba apunto
de morir y su ultimo deseo era verlos a ambos. Pisaba el acelerador todo lo que
podía, saldría de ese lugar lo más pronto posible. Las luces alumbran un letrero,
en el se podía leer <Posada La
carretera> <A 500 metros>. Aliviado, se relaje un poco, por fin
podría descansar después de tantas horas en carretera, y con ese susto que
acababa de tener, un descanso le haría bien.
La posado no se veía agradable, la pintura se le
estaba cayendo a la pared, en algunas rincones estaba agujereada, parecía que
se les había olvidado hacerle algo de mantenimiento al lugar. Pero como
faltaban diez minutos para media noche lo ideal era dormir y mañana continuar
con el viaje.
En el recibidor se encontraba un joven entre los
20 y 25 años, a pesar de su joven edad aparentaba tener más edad, su cara se
arrugaba como una pasa, ojos saltones y algo desviados, no pasaba del metro
setenta. Al ver a los visitantes se levanta de la silla para atenderlos.
-
Buenas noches – dice
el joven.
-
Buenas noches – dicen
ambos chicos.
-
¿En que puedo
ayudarlos? – pregunta el joven.
-
Queremos una
habitación para pasar la noche.
-
Por supuesto – el
joven se agacha para buscar las llaves de una de las habitaciones.
Brandi
detallaba cada rincón y objeto del lugar, los cuadros de casa antiguas con
aspectos algo aterradores, las flores marchitas en uno de los jarrones, las
telarañas en las esquinas. El joven le entrega las llaves a Diego, en eso se
fija en Brandi.
-
¿Qué le parece el
lugar? – pregunta el joven, con media sonrisa forzada.
-
El lugar es algo… - Brandi buscaba una palabra
para terminar la frase, pero no había una adecuada para describir el lugar.
-
Desagradable
-
No, no es eso – dice
Brandi tratando de excusarse.
-
No se preocupe, no me
molestare – el joven no se molesta, solo sonríe tranquilamente-. Es difícil
mantener este lugar en pie, esta zona no es muy apreciada. Nadie quiere pasar
por esta carreta debido a esa estúpida leyenda urbana.
-
¿Tú no crees en ella?
– pregunta Diego.
-
Si nos ponemos a pensar,
es algo estúpido. Un fantasma te pide un aventón, si no se lo das se te monta
en el carro o te aparece adelante haciendo que choques. Si puede aparecer y
desaparece a su antojo ¿entonces para
que pide un aventón? Es algo tonto, ¿no creen?
-
¿Y que me dice de los
accidentes? –pregunta Brandi a la defensiva.
-
¿Apuesto que habrán
notado que los faroles se apagan repentinamente? – ambos viajeros asienten -.
Ahí esta el causante de los accidentes.
-
Pero… - Brandi se
sentía ofendida, seguía pensando en que vio a alguien en la carretera, justo en
la curva-. Tal vez la leyenda sea verdad.
-
Sin intensiones de
ofender, pero es difícil de creer que un fantasma aparece en esa curva pidiendo
un aventón y si lo dejas subir podrás ir a la ciudad tranquilamente, si no lo
dejas subir te mata. Es algo irracional, ¿para que va a ir a la cuidad si luego
se va a regresar a la curva? Eso no tiene sentido para mi.
-
Es un fantasma
-
Claro, eso le da más
sentido – la ironía se sentía en cada palabra -. Como también tiene sentido que
para librarte del fantasma debes llegar a la cuidad. La cuidad esta a nueve
kilómetros de esa curva, ¿a que velocidad tendrás que ir por una carretera mal
asfaltada antes de que te ataque el fantasma?
Brandi trata de decir algo, pero Diego la
interrumpe ya harto de esa discusión sin sentido. Ya estaba harto de fantasmas,
curvas malditas y todas esas fantasías sin sentido, solo quería dormir para
estar relajado y seguir su viaje al día siguiente. Todavía le quedaban siete
kilómetros por recorrer para llegar a la cuidad.
Brandi tomaba un baño, el agua era fría como el
hielo, la bobilla de luz no funciona bien, se apagaba cada dos minutos y volvía
a encenderse. A pesar de eso Brandi continuo con su baño, el agua fría le servía
para aclarar su mente. Continuaba pensando en lo que había visto en la curva
maldita, estaba segura que ese chico se equivocaba, si ocurría algo misterioso
en aquel lugar. Si de verdad los accidentes ocurrían por culpa de los faros, ¿por
qué nadie reportaba la falla para que los arreglaran? Posiblemente si fuera
verdad y nadie decía nada para que siguieran ocurriendo accidentes, pero ¿qué
ganaban con eso? ¿Acaso alguien quería
que siguieran ocurriendo accidentes? Si era así, ¿por qué lo hacían?
Para eso servía el agua fría, despejaba esas
preguntas de su mente. Después de ese baño podría dormir tranquilamente sin
nada que la moleste. Levanta la mirada para que el chorro de agua caiga sobre
su cara. La bombilla se apaga, el baño dura unos segundos a oscura y vuelve la
luz. El frio comenzaba a aumentar, el agua se enfriaba más y más, tan helada
que Brandi sentía que se le congelaban los huesos. El agua ya no era tan
agradable, los dientes de Brandi tiritaban, su cuerpo se congelaba con
brusquedad. Cierra la regadera para salirse del baño. Nuevamente queda a
oscuras.
Todo queda en absoluta oscuridad, la luz vuelve.
Un corriente recorre la espalda desnuda de Brandi, a través de la cortina lo
ve, ve algo que le da tanto miedo que la deja estática, una sobra. La sombra no
se movía, permanecía de pie en un solo lugar. La luz se vuelve a ir, todo queda
a oscuras otra vez, la luz vuelve. Ahora la sombra esta en dirección a la
regadera, da unos pasos hacia adelante. Brandi lleva sus manos a la boca, no
quería gritar, aunque era lo que más quería hacer. La sombra estira la mano y
agarra la cortina; el cuerpo de Brandi temblaba y el frio no era el causante.
La sombra corre la cortina y en eso se vuelve a ir la luz. Brandi cierra sus
ojos para no ver lo que le esperaba cuando volviera la luz.
-
¡Que asco! Aquí hay
un inodoro, no es necesario que orines en la regadera.
Brandi
abre los ojos y ve a Diego farfullando parado ante ella, agarra la toalla y se la lanza a Brandi.
La
noche avanzaba, los viajeros dormían plácidamente, por fin después de tantas
horas conseguían descansar. Brandi dormía bien abrigada con la sabana ya que
dormía solo con la camisa puesta, su brazo envolviendo su cara y las piernas
cruzadas. Diego dormía sin camisa, una pierna fuera de la cama, una mano metida
debajo de la almohada, roncaba un poco.
Un
sonido retumba en toda la habitación, provenía de afuera. Diego se levanta de
un brinco porque reconoce ese sonido, el sonido de su pertenencia más valiosa,
su carro. Al asomarse por la ventana ve la silueta de una persona metiéndole
mano a su vehículo. Le pega un grito tan fuerte que se escucha por encima de la
alarma. Corre a toda velocidad por las escaleras; en el mostrador no había
nadie, de seguro el joven dormía. A la puerta de la posada no le había pasado
llave, Diego se acerca al auto y en ese momento fue que se dio cuenta de que
había dejado las llaves en la habitación. Aun así reviso su carro por fuera, no
lo habían forzado para abrirlo, la alarma
me alerto antes de que pudiera hacer algo al carro, pensó. Volvió a la
habitación para buscar las llaves, apago la alarma y reviso el carro con más
detalles.
Por
más que revisara el carro no encontraba otra falla que no fuera la que siempre
ha tenido. ¿Qué querían hacerle al vehículo? ¿Quién era esa persona que estaba
de pie junto al carro? Diego entra en la posada buscando al joven, si no había
salido por la alarma era por algo. No lo encontró en ningún lugar, ni en
recepción ni en otro lugar. Ya entendía por qué no tenían muchos huéspedes en
el lugar, porque los trataban de robar. Dejándose llevar por su ira, Diego
orina la entrada del lugar, esa era su manera de presentar quejas por el mal
trato que había recibido. Al terminar de orinar una brisa paso por todo el
lugar, las ramas de los arboles se movieron, y por un escaso segundo se escucho
como si los arboles silbaran llamando a alguien.
Brandi
se subió el pantalón, se puso sus zapatos, se miro al espejo para arreglarse el
cabello, se da media vuelta para verse el trasero, se subió un poco el pantalón
y salió en busca de Diego. El cual se encontraba dentro del carro acelerando el
motor, al pasar por la entrada de la posada sintió un fuerte olor a orina,
inmediatamente se tapo la nariz.
-
¡Sube! – le grita Diego.
-
¿No piensas pagar?
-
¿Después de que
trataron de robarme? Que se pudran.
-
Me iré en el asiento
trasero para seguir durmiendo.
Diego
pisa el acelerador hasta casi fundirlo, ahora tenia más razones para llegar a
la casa de su abuela, ya había dormido lo suficiente para estar pendiente de la
carretera. Esta vez no le importaba si había un apagón en todo el estado, no se
detendría hasta llegar a su destino.
No
había más carros en la carretera, ellos eran los únicos que transitaban por esa
carretera. Eso le dio placer a Diego, no tendría que ver otros carros mejores
que el de él. Pero eso pronto acabaría, su abuelo tenia mucho dinero y cuando
se muriera le dejaría algo de la herencia, con el dinero que le dieran se
comprarías un carro nuevo. Si su abuela no tuviera dinero él hubiera inventado
cualquier excusa para no tener que ir a visitarla, pero ya que necesitaba
dinero y esa vieja tenia mucho dinero, valía la pena hacer ese largo
viaje.
La
noche se hacia más densa, el camino se llenaba cada vez más de arboles, el
camino se parecía a uno de película de terror, solo único que se podía apreciar
con buen gusto era la luna llena que brillaba en todo su esplendor.
Diego
se irrito al sentir que le clavaron las rodillas por la espalda, se voltio para
insultar a Brandi por clavar sus rodillas en el asiento, pero al darse vuelta ve
que ella esta acostada con las rodillas por el asiento del copiloto. Miro por
detrás de su asiento y no había nada, ¿entonces
que fue eso que sentí?, pensó. Sacudió su cabeza para despejar cualquier
idea estúpida que pudiera llegar a su mente. No creía en los fantasmas, siempre
decía “Yo le tengo miedo a los vivos, no a los muertos”. Se dijo así mismo que
la falta de sueño era el causante de todo, solo durmió cerca de dos horas.
Se
burlo de sí mismo por pensar en tantas boberías, ya era un hombre adulto, no un
niño que se cree cualquier cuento cuando quieren asustarlo para que no moleste
tanto. Miro a Brandi para asegurarse de lo haberla despertado cuando soltó una
pequeña carcajada, seguía durmiendo como un bebe. Volvió a mirar la carretera,
de la nada sale un animal que se atraviesa en toda la carretera. Sin tiempo de esquivarlo
atropella al indefenso animal. Al bajarse del carro ve que mato a un pequeño
venado.
-
¿Qué fue eso?
–pregunta Brandi, exaltada.
-
Nada – responde Diego
-. Solo mate a Bambi. Vuelve a dormir que yo me encargo de esto.
¿Que
hace por aquí y a esta hora un maldito venado?, pensó Diego. Por suerte freno a tiempo y no le paso
por encima, de haberlo hecho hubiera partido por la mitad al animal, solo debía
arrastrar al animal dentro del bosque para ocultar su cuerpo, nada complicado.
Cargo el cuerpo en su brazos y se adentro en el bosque, solo la luna le
alumbraba el camino.
Cuando
estuvo bien adentro tiro el cuerpo en un arbusto, igual nadie descubrirá que el
mato ese animal, y si lo descubrían ¿a quien le iba a importar? Se metió más en
el bosque para orinar, mientras orina escucho un sonido que le llamo la
atención. Miro entre los arboles y vio un rio, no muy grande. Termino de orinar
y se acerco un poco, otro sonido llamo su atención. Escuchaba risas, risas
juveniles que chapoteaban en el agua. Todo estaba oscuro, pero la luna se
reflejaba en el agua y brillaba todo el rio. En eso la vio, la silueta de una
joven mujer bañándose en el agua.
Una
mujer hermosa jugaba en el agua, se podía detallar sus curvas, su cabello
negro, pero Diego quería ver mejor todo su cuerpo. Dejo de pensar con su
cerebro para acercarse a la chica, escucho el crujido de una rama. La chica
volteo tapándose el pecho con el brazo y se hundió en el agua hasta que solo se
veía de la boca para arriba.
Diego
salió de las sombras sin subirse el cierre, una sonrisa se dibujaba en su
rostro, su plan consistía en parecer inofensivo, no como una amenaza.
-
Puedes continuar con
lo tuyo – buscaba sonar jovial -, yo solo estaré por aquí apreciando el agua.
La
joven le respondía con una sonrisa.
-
¿Por qué no la
aprecias metiéndote en ella? – la chica surgió del agua mostrando lo mejor de
su cuerpo. Se acerco a la orilla para ser vista mejor, echo su cabello para
atrás, dio media vuelta para que se viera que su cabello llegaba hasta donde
terminaba la espalda.
Diego no lo pensó dos veces y en menos de un
parpadeo se desnudo, echo a volar su ropa por los aires. Al meter el pie en el
agua sintió como si le pincharan con mil agujas, pronto todo se sentirá caliente, se dijo Diego asimismo. No le
importaba lo frio que estuviera el agua, luego podría calentarse con el cuerpo
de esa chica. Ella seguía dándole la espalda, solo mostraba su lado derecho de
la cara, aun así seguía viéndose hermosa.
-
¿Y que hace una joven
tan hermosa en un lugar tan solo bañándose sin nada puesto? - pregunta Diego
acariciándole el cabello.
-
Así se siente mejor
el agua – respondió la chica.
-
Eso puede traerte
muchos peligros – los dedos de Diego acariciaron con delicadeza la espalda de
la chica, la cual se estremeció de gusto.
-
Esos peligrosos son tentadores
– la chica mostro una mirada lasciva -. En ocasiones provoca dejarse llevar por
ellos y hacer cualquier cosa.
-
¿Qué tipo de cosas te
gustaría hacer?
-
Que me orinaran
encima como si fuera una violación.
Tal
petición lo extraño, eso no era algo que se pedía habitualmente. Pero que se
podía esperar de una chica que se bañaba a altas horas de la madrugada, no le
importaría hacer ese tipo de cosas mientras pudiera acostarse con esa belleza.
-
Es algo raro eso que
me pides, pero si eso es lo que te gusta, pues, te complaceré –beso el cuello de esa chica a la vez que le apretaba un seno - ¿Qué te
parece si me miras y me das un beso?
-
No te va a gustar
–contesta.
-
Eres hermosa, por
supuesto que me gustara.
-
Espero que así sea.
La
chica gira por su lado izquierdo, Diego cayó para atrás al ver que el medio
rostro de la chica estaba comido. La carne se caía, tenia agujeros que
mostraban los dientes, donde debía ir un ojo no lo había, la cuenca estaba
vacía, la nariz se veía picada como si hubiera sido comida por pájaros.
-
¿Qué pasa, cariño,
acaso no dijiste que te gustaría porque soy hermosa? – el ser horripilante
caminaba hacia Diego, con media sonrisa, el otro lado era repulsivo y asqueroso
- ¿Qué te parece si me das un beso?
Brandi
dormía profundamente, apenas había reposado su cabeza en el asiento cayó
dormida de inmediato. Sus sueños fueron interrumpidos al escuchar un grito que
provenía del bosque. Se levanto de golpe, se asomo por la ventana y no vio a Diego,
solo podía pensar lo peor. Trato de relajarse y hacerse la idea de que existía
la posibilidad de que su compañero había tropezado con una rama y cayó al
suelo.
Bajo
del vehículo con calma, inhalo y exhalo, miro a sus alrededores y no veía ni un
alma. Tal vez me quiere jugar una broma,
fue otro pensamiento que paso por su mente. Buscaba valor de donde no lo tenía
para aventurarse a ese bosque oscuro. Dio unos golpecitos en su pecho para dar
los primeros pasos, los siguientes pasos que dio fueron por la inercia.
El
lugar le aterraba, no dejaba de pensar que alguien saldría de los arboles y se
le lanzaría encima. Todas las películas de terror que había visto en su vida
pasando por su mente, los títulos, las muertes, las escenas más impactantes,
todo. Con voz débil llamaba a Diego, esperanzada de que él respondiera a su
llamado poco audible. Un murciélago voló de un lugar a otro, lo hace que casi
le de un infarto a la pobre chica. Miraba la copa de los arboles viendo a ver
si otro murciélago pretendía asustarla, sin esperárselo cayó sentada al
tropezarse con algo. Se repuso de la caída, movió los arbustos con los que
había tropezado y se encontró con el cadáver del venado. Grito fuertemente y
corrió en dirección contraria al cuerpo del animal. Se detuvo al llegar al rio,
se acerco para lavarse la cara. Se estremeció al sentir el contacto del agua,
eso fue más que suficiente para tranquilizarla. Debajo de un árbol lo vio, el
cuerpo desnudo de Diego. Lo llamo con rudeza, pero este no hice caso o
movimiento alguno. Con pasos fuertes se acerco a él, dejándose llevar por la
furia lo patea en el hombro, al caer el cuerpo pudo ver mejor. Diego tenia
medio rostro comido, Brandi pego un grito que se escucho por todo el lugar,
corrió sin mirar hacia atrás.
Encendió
el carro y piso el acelerador, tenia los nervios de punta, lo que acababa de
ver fue lo más aterrador que vio en su vida. El vomito salió de su boca sin
pedir permiso, ella ni se molesto en detenerse, prefería estar bañada en vomito
que detenerse. Solo se sacudió un poco el vomito de la camisa, al levantar la
mirada vio a una persona en la carretera, tenia el dedo pulgar extendido. No se
le veía la cara, se veía como una sombra. Olvidándose de todas las historias
que había escuchado siguió de largo sin prestarle atención a lo que estaba en la
carretera.
Las
lágrimas bajaban por las mejillas de Brandi, no las podía contener. El terror
que sentía se volvía incontrolable con cada segundo que pasaba. Incluso se
había orinado del susto, pero no le importaba sentir esa humedad caliente entre
sus piernas con tal de llegar a la cuidad y librarse del mal.
<Ciudad
a 500 metros>
Leer
eso hizo sentir aliviada a brandi, ya solo le faltaba poco para poder estar
tranquila. Una risa de tonta salía de su boca, quería gritar de felicidad,
podía ver los edificios, solo faltaban metros. Un frio recorrió su cuerpo, en
su espalda sintió unas rodillas clavándosele, su sonrisa desvaneció. Las lágrimas
volvieron a bañar su cara, miro por el espejo retrovisor y pude ver a alguien
sentado detrás de ella. Miraba el piso lo que fuera eso, Brandi, por más que
quisiera dejar de mirar no podía. Poco a poco esa cosa fue levantando la cabeza.
Solo faltaban 100 metros para llegar a la cuidad.
A
los días siguientes se escucharon muchos rumores por toda la cuidad. Algunos
decían que una pareja de jóvenes se habían metido en la casa abandonada, donde
hace tiempo atrás un sujeto obsesionado con la belleza de una chica, intento
comerle el rostro, pero la policía lo detuvo cuando iba por la mitad. Ese
sujeto fue encontrado con la cabeza metida en el inodoro de la prisión. Muchos
rumoraban que fueron atacados por espíritus malignos que acabaron con sus
vidas. Los más escépticos comentaban que la chica se había inspirado en esa
historia y quiso cometer el mismo crimen matando al chico como en venganza por
las mujeres. Otros decían que ambos venían ebrios de una fiesta, la chica mato
al chico y luego se suicido. Nadie resolvió el misterio, nadie supo la verdad
de los hechos. Solo hubo especulaciones, algunos creían que fueron fantasmas, otros
creyeron que fue el alcohol, el crimen nunca fue resuelto.